viernes, 13 de mayo de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Ciudad Real. España

De viaje por tierras de Castilla La Mancha, y sin haberlo programado puesto que pensábamos seguir camino para llegar pronto por la tarde a nuestro destino, hicimos una parada en Ciudad Real para comer a mediodía. Un acierto, sin duda.
Sorpresa es, cuanto menos, la impresión que me causó esa coqueta ciudad manchega. En alguno de mis próximos viajes tengo intención de pernoctar en ella y disfrutarla mucho más.
Su Plaza Mayor es una maravilla. Repleta de gente a la hora del aperitivo, muestra uno de los más animados ambientes que he disfrutado. Cometí el grave error de pedir comida, sin pensar en que por esos lares la caña de cerveza se acompaña de una tapa suculenta y abundante. Así que, mi consejo es que si vais alguna vez de cañitas, no se os ocurra pedir plato, porque con las tapas quedaréis mucho más que satisfechos. Con deciros que una de las tapas era un bocadillo de pimientos con lomo de cerdo a la plancha!!!
Mientras estábamos degustando las maravillas de la gastronomía manchega (queso incluido, of course!) nos sorprendió una música de carrillón de campanas. Efectivamente, en un rincón de la plaza en un edificio pequeño empezó a ponerse en marcha el reloj de autómatas. Precioso!
En este año, en el que homenajeamos El Quijote, no puedo pasar por alto la ocasión. Empieza a sonar la melodía (me contaron que por Navidad son villancicos) y aparece Cervantes con su pluma en la mano, que va presentando al resto de personajes. Tras él, Sancho, con su jarra de vino, a la que va pegando tientos, y finalmente Don Quijote, en intensa lectura de su libro de caballerías, blandiendo en su mano derecha una espada de caballero andante. En fin, una maravillosa escena que se repite varias veces al día.
El reloj está en un edificio pequeño pero muy bello, la denominada Casa del Arco, que fue ayuntamiento de la ciudad. Confiscado durante el reinado de Isabel la Católica a un judío, se completó gracias a la donación del Emperador Carlos y de su madre Doña Juana, hasta que terremotos y otros avatares lo dejaron muy diezmado y la ciudad tuvo que iniciar la construcción de otro ayuntamiento, un edificio neoclásico en la misma plaza, ya entrado el siglo XVIII.


lunes, 9 de mayo de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Burgo de Osma. España

Viajar por España es siempre una buena idea. Basta con coger el coche, poner un poco de música y disfrutar del paisaje. Con esa filosofía de viaje emprendimos nuestra salida a Castilla León. Desde hacía tiempo teníamos en mente visitar esas tierras y, la verdad, es que fue un viaje maravilloso.
La primera parada la realizamos en el Burgo de Osma, una villa con un encanto especial, cargada de historia, y con tantas cosas por ver y visitar que se consumen las horas casi sin darte cuenta.
Personalmente me encantó la Plaza Mayor, ejemplo típico de plaza del renacimiento y clasicismo castellano, con su forma cuadrada y sus casas balconadas con soportales en los que protegerse del cálido sol, y como no, la calle Mayor que discurre de punta a punta del casco antiguo de la villa, cuajada de casas preciosas de estilo castellano con soportales en los que se albergan los comercios más variopintos, desde tabernas hasta tiendas de diseño.
Mención aparte merece la Catedral, magnífica, con su torre gótica, construida sobre las ruinas de la anterior catedral románica. 
La fotografía fue tomada extramuros, desde el puente que pasa sobre el río Ucero. Se puede apreciar la torre de la Catedral y la magnífica muralla, que sin embargo no fue capaz de contener a Napoleón en su avance en la guerra del Francés.


lunes, 2 de mayo de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Glaciar Fox. Nueva Zelanda.

Otra de las singularidades de Nueva Zelanda es que tiene loros de montaña. La primera vez que los vi me pareció algo tan fuera de lo normal como ver un rinoceronte en libertad paseando por un parque de Europa. Siempre había asociado esas aves con los climas cálidos y tropicales, más propios de las selvas amazónicas o de lugares similares. Pero cerca de los glaciares, allá donde la naturaleza se hace extrema y apenas hay vegetación, me sorprendió enormemente.
Los kea, así se llaman debido al sonido que emiten cuando vuelan, sólo se encuentran en la Isla Sur. Habitan en las zonas más altas de la isla y se alimentan principalmente de frutos y brotes. Pero lo que más llama la atención es su inteligencia. Poseen una insaciable curiosidad que los lleva a investigar todo cuanto hay en su territorio, principalmente lo nuevo y extraño.
Se entretienen tirando piedras, con las bolsas de plástico, con objetos de los campistas y esquiadores y tienen especial predilección por las pelotas y los cordones de los zapatos.
Cuentan que en una estación de ferrocarril de alta montaña un kea destapó una cántara de leche que esperaba en el andén para ser cargada en el tren. Al momento lo espantaron y volvieron a asegurar la tapa con la varilla de metal. Regresó, estudió el dispositivo y lo abrió!. Son tan inteligentes que aprenden cualquier sonido y lo repiten y además les encanta hacer bromas a los turistas y a los excursionistas de montaña.
Esta fotografía fue tomada durante la excursión que hicimos al pie del Glaciar Fox. Una colonia de loros tenía su hábitat en ese entorno privilegiado. Lo dicho, de tontos nada!

lunes, 11 de abril de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Bukhara. Uzbekistán.

A lo largo de mis viajes he podido comprobar que, a pesar de la distancia física que nos separa, los humanos nos parecemos mucho más de lo que pensamos. Cuesta poco imaginar algunos aspectos, podríamos denominarlos universales, que nos ponen a todos frente a los mismos sentimientos: el amor por los hijos, el respeto a aquéllo que consideramos superior, la conmoción por el Arte sea cual sea su expresión, la curiosidad por lo desconocido, la fascinación por los fenómenos naturales y por la Naturaleza en sí misma...
Pero si en lo supremo nos parecemos tanto, en lo mundano sí que somos muy diferentes. La forma de vestir, la alimentación, la vivienda, las costumbres, el folklore, nuestro comportamiento personal y social, el concepto de higiene... son algunos de los aspectos en los que presentamos más diversidad.
Pero a pesar de las diferencias en las viviendas en las que desarrollamos nuestra vida cotidiana, hay algo que me ha llamado poderosamente la atención. A lo largo y ancho de todo el mundo he podido constatar que todas las culturas utilizan alfombras, algunas simples esteras de materiales naturales, otras, principalmente las orientales, verdaderas obras de arte.
Desde Turquía hasta China, desde Escandinavia hasta Ciudad del Cabo, de Canadá hasta los Andes, de Japón a Nueva Zelanda, todos los pueblos cubren los suelos de sus hogares con alfombras. De pieles de animales (caribús, vacas, ovejas, renos, alces, cebras, leones, antílopes…), de lana (de oveja, cabra o camélidos), de fibras naturales (esparto, coco, bambú, yute, sisal…), algunos con fines decorativos exclusivamente, otros por necesidad, el frío, la arena y la humedad son enemigos que hay que combatir.
Es muy difícil encontrar un tour organizado que no acabe en algún taller de alfombras o de seda cuando viajas a países con tradición. Creo que hemos visitado más de veinte, pero curiosamente en todos hemos aprendido alguna cosa que en los anteriores no nos habían referido. El último en Armenia, en el que nos enseñaron un peine muy especial con el que, después de lavar con agua y jabón la alfombra de lana, le devuelven una suavidad difícil de explicar con palabras.
La fotografía no corresponde a esta visita sino a otra que realizamos en Uzbekistán. Allí aprendimos cómo distintas sustancias naturales (plantas, flores, minerales….) sirven de tintes para la lana. Son tan permanentes que no destiñen nunca y conservan los mismos colores de generación en generación.

sábado, 9 de abril de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Sukhotai. Thailandia.

Ya os comenté en otro post que es imposible hacer un viaje a Thailandia y no visitar sus templos budistas. Hay tal riqueza patrimonial que no la puedes ni siquiera imaginar cuando planificas el viaje. 
Como apasionada del arte, elegí cuidadosamente las visitas a realizar, teniendo en cuenta mis preferencias hacia el arte antiguo y medieval. 
Resulta cuanto menos paradójico que en nuestras escuelas, institutos e incluso en las universidades se ofrezca tanta información sobre el Arte Occidental a lo largo de todas las épocas de la Historia y tan poca de otras culturas que llegaron a desarrollar civilizaciones avanzadas, capaces de crear maravillas en arquitectura, obra civil, pintura, escultura o cerámica, a excepción quizás del Arte Egipcio o Mesopotámico. Debe ser por que todas las civilizaciones se creen el centro del Universo y consideran a las demás inferiores a ellas. Es lo que en Antropología se denomina etnocentrismo. Un mal que pervive en nuestros días y que creo que se mantendrá hasta que el hombre sea hombre.
Retomo mi pensamiento inicial: Conocer templos antiguos e históricos de Thailandia, por encima quizás del interés que me suscitan los templos más modernos, repletos de pan de oro. Para ello resultaba imprescindible programar una visita al Parque Histórico de Si Satchanalai, de nombre casi impronunciable como casi todos los templos tailandeses, situado en la ciudad de Sukhothai, famosa por ser la primera capital del Reino de Thailandia en el siglo XII, en la que se desarrolló una cerámica muy apreciada. La ciudad histórica fue declarada Patrimonio Universal de la Humanidad por la UNESCO en el año 1991.
Provista de un buen paraguas (nunca viajo sin él, no tanto por la lluvia, sino para protegerme del calor y de sol: ¿Por qué será que los guias turísticos realizan las visitas a horas tan inapropiadas? Inmediatamente después de comer, a las tres de la tarde con un calor que no se puede aguantar, cuando todos los lugareños están en la siesta y te miran de reojo como preguntándose ¿qué hacen estos locos a estas horas?) visitamos el lugar arqueológico y os puedo asegurar que valió la pena. Es un yacimiento inmenso, plagado de templos a cual más interesante. Desde los típicos templos de arquitectura thai hasta los propios del estilo jemer. 
Entre ellos mis favoritos fueron el Wat Chang Lom con su magnífica terraza sostenida por varias decenas de elefantes de piedra de tamaño natural y el Wat Phra Sri Rattana Mahathat de estilo jemer con su cúpula en forma de mazorca de maíz, en cuyo frente se erige una estatua inmensa de buda vestido con su túnica azafrán. Un lugar de ensueño.

martes, 5 de abril de 2016

SON LAS FOTOGRAFIAS DE MIS VIAJES. Oslo. Noruega

De todos es sabido que el Premio Nobel se otorga cada año a personalidades que se distinguen en distintos ámbitos de las Letras, las Ciencias o el Arte. 
Todos se entregan en Estocolmo, excepto uno, el de la Paz, que lo hace en Oslo, justo en la Sala de Actos de su Ayuntamiento.
El edificio, moderno y sin mucho interés, cuenta con una colección de pinturas murales de dudoso gusto, que muestran la iconografía típica de los países nórdicos: mitología, fauna y flora, paisajes naturales y personajes históricos.
En diversas salas y galerías del edificio se exponen en vitrinas los objetos más emblemáticos de la breve historia contemporánea del país: las medallas de los Juegos Olímpicos de invierno, los tratados de constitución, la vajilla y cubertería Reales y objetos de los pobladores indígenas, entre otros.
Cada 10 de diciembre, fecha del fallecimiento de Alfred Nobel, se celebra la ceremonia con la presencia de la familia Real de Noruega y el Primer Ministro. El premiado recibe un diploma y una medalla conmemorativa.
La sala en la cual se entrega el premio es la que os muestro en la fotografía. Desnuda de cualquier adorno, no parece un lugar muy especial para un premio tan importante, pero hay que tener en cuenta que en el día de la ceremonia se engalana con maravillosos ramos de flores, estandartes y un podio para el premiado que resaltan su arquitectura.
Espero que la próxima vez que emitan por televisión la ceremonia recordéis esta foto y podáis comparar.

sábado, 2 de abril de 2016

SON LAS FOTOGRAFÍAS DE MIS VIAJES. Helsinki. Finlandia

Desde que llegamos a Finlandia, en barco desde Estocolmo, hasta el día que nos fuimos no vimos ni un rayo de sol. La lluvia nos acompañó durante todos los días sin tregua, a pesar de que la época del año no era la más indicada para tanta lluvia. 
Creo que visitar Escandinavia fue el viaje más mojado de todos los que hemos realizado. Ni en los países tropicales hemos tenido tanta lluvia seguida, aunque las tormentas de cada tarde en Bangkok o en Angkor, por citar algunos lugares, fueron épicas. Y es que cuando cae la lluvia en esas latitudes, no llueve, diluvia. Es como si cayeran cubos de agua, chorros que en un momento te calan hasta los huesos, pero como hace calor, ni te importa.
Pero Helsinki se llevó la palma. Creo que no tengo más que dos o tres fotografías en las que la lluvia era leve y permitía disparar la cámara, o alguna de interiores de los lugares en los que nos cobijábamos del chaparrón. 
Una lástima, porque esta lluvia mediatizó totalmente  la percepción que los llevamos de ese país tan hermoso, poblado por gentes muy poco comunicativas, con aspecto de vikingos y hablando un idioma ininteligible, uno de los más complicados acústicamente que he escuchado en mi vida.
La fotografía corresponde a la Catedral de Helsinki, de culto luterano, aunque hay otra cercana ortodoxa. Esta catedral fue construida por orden del Zar de Rusia, Nicolás, antes de que Finlandia alcanzara la independencia en 1917. Curiosamente no la pudimos visitar por dentro por encontrarse cerrada cuando no hay culto, así que tuvimos que conformarnos con verla por fuera.